Friday, January 06, 2017

El primer desencanto

a mi tío Daniel y al Beto
Mientras Serú Girán se despedía un año antes y en 1982 editaba el disco en vivo No llores por mí, Argentina, yo me encontraba jugando en la canchita de la banana que tenía terraplén incorporado y usábamos como un jugador más. La bananita era la cancha principal de nuestro edificio en el Barrio Güemes de Avellaneda. Un barrio de monoblocks, con una copiosa cantidad de árboles y veredas teñidas de rojo y morado durante una parte del año, cuando nos colgábamos del paredón que daba al viejo mercado de lanares, que ya no existe, para chorearnos las moras y comerlas con concentrada aceleración.
De vez en cuando nos corría algún vecino para retarnos porque nos subíamos al paredón, y nos gritaba: "¡Se pueden caer!"; "El techo de mi auto no es una escalera!" . “Me hicieron pelota el techo, ya le voy a decir a tu mamá Panzito!”;“¡Estoy yendo a decirle ahora a tu papá, Gatilo, se te van a hinchar los pies de tanto correr y el culo de las patadas que te van a dar!”. Pero bueno, las moras estaban allí, la naturaleza nos decía que éramos nosotros o el piso, nosotros o el techo del auto, nosotros o los otros, aunque nunca supimos quiénes eran los otros.
Teníamos dos canchitas: una, la de la banana, nuestra “arena” principal, la reina con terraplén a la que se accedía cruzando la calle; y la otra, la que estaba ubicada en la parte de atrás del edificio, sin cruzar la calle, la que no tenía arcos, sólo unos troncos bajitos y largos, que nos permitía jugar entre la calesita, el palo borracho con sus espinas, los banquitos y las hamacas, aliadas y enemigas, que si venías distraído o embalado te podían poner a volar hasta el edificio vecino.
Esa era nuestra cancha escondida, en la que tarde a tarde “colgábamos” la pelota en la habitación de don Cuerda, y tarde a tarde, salía Cuerda, con la pelota bajo el brazo, en pantalones de pijama
y camisa desabrochada, con un pucho a un costado de la comisura de los labios, dando la sensación de que estaba mordiendo el filtro de sus Particulares 30, y con un cuchillo de carnicero gigante con un filo que te cortaba la vista.
Todas las tardes, en esa pose, gritaba con voz ronca: “¡Se las voy a cortar, mocosos maleducados!. ¡Se las voy a pinchar, ya es el cuatro televisor que me rompen!”. Otras veces cambiaba por un “Uy, el jarrón, ¡el jarrón!, ¡se las voy a destrozar, me rompieron el jarrón!”. Y nosotros, siempre, indefectiblemente, le decíamos: “No, don Cuerda, no, por favor, don Cuerda, no sea malo, denos la pelota, déjenos jugar, le prometemos que no se la vamos a tirar más”.
Cuerda nos decía que le diría a nuestras madres lo mal que nos portábamos y lo horrible que habíamos hecho las cosas, y cuando el hombre se ponía denso y nosotros también aparecía la mujer, Clarita, que lo retaba a Cuerda y le decía: “Dale, che, devolveles la pelota”, y un rato después se la quitaba con una sonrisa y la tiraba por la ventana, ganándose un aplauso apabullante como el que podrían haber sentido hasta ese momento solo Evita o Perón, y al grito de “¡grande doña Cuerda!”, “¡grande doña Clarita!”, nos abrazábamos y volvíamos a jugar y a tirar la pelota por la ventana de Cuerda.
Un día, como cualquier otro, nos tocó jugar contra el Q, un equipo temible del que años atrás había salido un campeón mundial juvenil, el "Caldera". Ese día, Rimbo vio que les faltaba uno y decidió jugar para los contrincantes; sin que ellos se lo pidieran, sin que le dijeran nada, él decidió por cuenta propia pasarse al otro equipo. Ese día nos enojamos con Rimbo, su traición, porque había jugado para los otros.
A la tarde, me fui con mi tío a ver a mi amado River, al glorioso River Plate que jugaba contra un equipo llamado Vélez, que contaba entre sus filas con el Beto Alonso, que recién había llegado de su paso por Francia y no había conseguido volver a River. Hasta ahí venía todo bien. Mi tío me explicaba que “el Beto lo que más quiere es jugar en River, pero por estos dirigentes juega en otro club este campeonato, pero el Beto es de River, ¿entendés?”, me decía y yo asentía, pero algo me hacía ruido. ¿Cómo, si era tan hincha de River, ese ñato jugaba contra nosotros? Y en ese mismo momento lo crucé con lo que había hecho Rimbo, y me indigné en silencio.
La pelota comenzó a pasar de cabeza en cabeza hasta que el Beto la acarició y zas, nos metió un golazo llovido por arriba del arquero, al segundo palo. En ese momento se me cayó el alma al piso, y consolaban mi llanto dos viejos hinchas de Vélez, que les había dado tanta pena que decidieron no gritar el gol y decirme: “tranquilo, nene, que este vuelve a River en un par de meses, a nosotros nos está usando para darle celos a ustedes”, y el otro viejo me decía: “pibe, este es un favor que nos está haciendo, pero dura poco, el próximo campeonato vuelve a River”.
 A la noche prendí la televisión y, para mi asombro, el Beto seguía diciendo que le dolía mucho hacerle un gol a su “amado River”, mientras se vanagloriaba sobre la belleza y precisión con la que había hecho el gol, y me volvió a venir la imagen de Rimbo haciéndome un gol y que todos lo venían a abrazar, pero él sólo se sonreía incómodamente, no festejaba y terminé indignándome toda la semana, hasta que Rimbo volvió a jugar para nosotros y les metió un gol atrás de otro a los del Q, y los festejó como festejó el Beto el gol a Boca en la Bombonera con la pelota naranja.

A Rimbo, tal vez por verlo a diario o porque cuando crecimos hacíamos tándem para las salidas, le fui perdonando esa horrible mancha, que luego me di cuenta de que la habíamos tenido todos, porque cada vez que faltaba algún integrante de los contrarios, nosotros los reforzábamos. Pero al Beto, no sé por qué, nunca pude perdonarlo, hasta que un día, en 1991, luego de que River saliera campeón, yo me había ido a jugar a la pelota con unos amigos por Caballito, y al verlo al Beto a un costado de la cancha, luciendo un radiante traje gris que podría haber iluminado el Bernabéu, me le acerqué todo transpirado, con la remera de River chorreando sudor, y le dije: “Beto, ¿me firmás?”, y él contestó: “claro, pibe, vení”. Me dio un abrazo (como sabiendo que era parte de la reconciliación), le pasé la remera, se la apoyó sobre su pierna y, con una birome, me firmó: “Beto Alonso”. Me dio otro abrazo y se fue.

Sunday, May 08, 2016

gota de verano

por días enteros,
la eternidad de la lluvia rompía el tedio
del centro del sol sobre un tender gastado y a punto de cortarse
por días enteros,
el cristal recorría el camino del dolor y el andar quedaba inmovilizado.


mientras tanto, la gotera sangraba por encima de una mampostería raída que,
se mostraba engomadamente oscura,
y deprimía, persistentemente, al resto de los vasos
que se descacharraban llorando hielo sobre la mesada.


en esa salida del verano todo goteo
y
Goteo.
Luego de un tiempo intransitable,
el final del verano llegó
húmedo y pegajoso
y junto a él, la gota creció
crecio
y creció,
hasta convertirse en la sombra cortante
de lo que ya está
Y,

de lo que nunca no se vá.

Sunday, February 16, 2014

Clap clap

se cae,
todo se cae,
se cae la casa
las luces
el agua
y al ir arrastrando mis pies, en mis plantas,
la mugre del piso se pega a la piel,
me doy cuenta de todo,
respiro profundo y miro para mi costado,   
pero no hago nada.
se cae mi panza
y las piernas se amorfan a más fuerza de nadas.
yo me doy cuenta
pero no hago nada,
la luz ya no enciende
la canilla gotea
el piso se ensucia
me preocupo, pero nada.
el pantalón no me entra
la remera me explota
y un botón de mi camisa apunta directo al corazón de tu garganta,
me preocupo, bufo, me enojo, me entristezco
pero no hago nada.
ya nada enciende
el agua me tapa
las pelusas, las hojas y los papeles
arman una cosa redonda del tamaño de una número 5
que viene picando hasta mí, con sus gajos de cuero descociéndose
y amenazando en convertirse en una pelota gigante y picona.
me Ilumino en magia o supuesto milagro y entonces:
zurzo mi ropa
tapo los espejos,
no miro nada
no toco nada
solo estiro el brazo y alcanzo mi arma
que está con tres balas.
el teléfono anda
el aparato funciona
marco varias veces
y no estas
acaricio el arma
y vos no estas,
la dejo a un costado y me amenazo.
me clamo de reojo
me grito enojado por mi abandono
y por un rato desando el desdén,
llamo un plomero, un electricista y –por supuesto– a una nutricionista
durante un tiempo vuelvo
y me creo saliendo para no volver,
mientras la caída continua, sin vuelta atrás,
y para no quedarme, me voy a transitar.
paf
paf
clap

clap.

Saturday, February 15, 2014

Poderes

Te conocí en un corso, rociados de espuma nieve
Con una calza negra y una remera tres talles más grandes que vos
Tus pelos caían sobre un ojo y un cigarrillo nacía de tus dedos
Con el índice tocaste mi hombro
Y dijiste segura mi nombre.
Sorprendido y casi mudo, intente que saliera algún sonido de mi boca,  
lo único que logré decir fue “sí”
Luego comenzaron a fluir las palabras, oraciones e historias completas
Mientras tanto, las comparsas pasaban y las tribunas revoloteaban
entre espuma y papel picado
con la cerveza hecha un arroyo y el calor que arreciaba,
llenándose de sudor espeso el lugar.
Vos hablabas un poquito y yo no paraba de decir mil cosas y ninguna
Miraba tu boca moviéndose,
que se abría, dejaba escapar tu lengua de manera sutil
que  se colaba en una pared de caramelos
y yo, minuto a minuto quería comer de esa fuente.
pero vos,
de forma discreta y jovial,
mantenías una distancia imperceptible
que me enloquecía
y continuabas hablando y escuchando
hablando y escuchando.
Pasaron todas las agrupaciones,
las plumas grises, blancas, verdes, azules, naranjas y amarillas
que se hacían remolino en el final de la noche,
cuando el sol asomaba
y no quedaba ni el heladero,
sin darnos cuenta, habíamos estado en un bar,
apartados del mundo, alejados de los demás.
De eso, ya no quedan algunas cosas que tuvimos,
Por:
Enojos
Desencuentros
Desacuerdos
Desencantos
pero el destello mágico de la conversación
de estar con vos y no oír nada más
de saborear hasta los desacuerdos y de seguir mirándote a la boca
está intacto
por cuestiones incomprensibles,
por razones irracionales
eso sigue provocándome el mismo deseo de una palabra hecha caricia
y la misma mirada de beso que refresque el verano y complique
más y más nuestros días.
Tu boca, el ritmo de la conversación, la cadencia de tus labios
tuvieron y tienen el poder de iluminar cualquier espacio,
que solo logro exorcizar
cuando el teléfono es el intermediario. 



(poema parte de Constelando un cóctel en proceso de finalización)

Cinética

ella se escondió detrás de unos barrotes de cristal.
y entre cada espejo se reconstruían reflejos de su sonrisa.
recorriendo la sala,
se la veía,
no se la veía,                                                                           
aparecía y se fugaba.
te increpaba hecha fragmentos
y luego, se convertía en figura franca,
se hacía sol, para después volverse nube.
cinética
era efecto
y efectiva.
volaba por la habitación,
reía ella
reía yo.
detrás de una jaula de cristal,
un día
desapareció.

(poema parte de Constelando un cóctel en proceso de finalización)

la mañana y sus dudas

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Este poema es parte de una plaqueta que salio por aurelia*rivera libros durante 2012 que se llamo De barrios, cosas, situaciones y un breve acercamiento al amor

Saturday, September 03, 2011

transitos y estadías

http://vimeo.com/28551092aca pueden acceder a mi nueva peli transitos y estadías

Friday, December 18, 2009

avance de 87

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adelanto del film 87 próximo a estrenarse en abril de 2010 a 23 años del levantamiento carapintada contra la democracia y el pueblo argentino

Sunday, August 02, 2009

avance de sol de noviembre

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sol de noviembre es un corto documental de lucas rozenmacher con la participación de adrián melo, la colaboración de fernando ostuni y paloma ochoa y los aportes de lucas rubinich, pomarola talk y emilio bernini.

en breve se podrá ver en distintos puntos de la argentina